lunes, 30 de diciembre de 2013

La bofetada que cambió la historia de España


La Historia de la humanidad está plagada de pequeñas y, en muchos casos, poco conocidas anécdotas que han tenido una gran influencia en los acontecimientos posteriores. El caso de España no iba a ser una excepción, donde una simple bofetada desencadenó las tres guerras civiles que sacudieron el país en el siglo XIX.

Todo sucedió cuando en septiembre de 1832, Francisco Tadeo Calomarde, ministro de Gracia y Justicia de Fernando VII consiguió que el enfermo rey firmase un documento que restauraba la Ley Sálica. Esta decisión habría supuesto que, a la muerte del rey, habría accedido al trono su hermano Carlos María Isidro de Borbón, en lugar de su hija Isabel.

Tras conocer la noticia, Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, hermana de la reina María Cristina de Borbón, y a su vez casada con el hermano menor del rey, se presentó en la corte decidida a cambiar la situación. Unos meses después de su llegada, la infanta aprovechó una breve mejoría del agonizante rey para conseguir que firmase un real decreto que abolía definitivamente la Ley Sálica.

Alertado de la maniobra de Luisa Carlota de Borbón, Calomarde se presentó en las estancias reales y trató de arrebatar el decreto de las manos de la infanta. Sin embargo, ella le contestó con unas sonoras bofetadas. Ante el pasmo de la reina y los cortesanos que habían sido testigos de la ofensa, el ministro respondió con una frase que ya ha pasado a la historia: «manos blancas no ofenden». Lejos de dejar correr el incidente, hay quien asegura que Luisa Carlota le respondió «pero hacen daño».

El resto, ya es historia bien conocida. Tras este suceso, Fernando VII no volvió a recuperar la consciencia y el decreto de abolición se promulgó el 31 de diciembre de 1832, lo que convertía a su hija Isabel en la futura reina de España.

El infante Carlos se negó a reconocer a Isabel como Princesa de Asturias, por lo que fue desterrado a Portugal, donde se proclamó rey como Carlos V con el apoyo de los «apostólicos», que desde entonces serán llamados «carlistas».

Tras la muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833, su hija de tres años se convirtió en Isabel II de España bajo la regencia de su madre María Cristina, hecho que dividió al país y dio comienzo a la Primera Guerra Carlista.

Por su parte, Luisa Carlota de Borbón acabó distanciándose de su hermana María Cristina tras participar en varias intrigas encaminadas a conseguir casar a dos de sus hijos con las hijas de la reina regente. Exiliada en París, financió diversos libelos publicados en Madrid y destinados a criticar a su hermana.

Finalmente, y pese a la oposición de María Crisitina, el 10 de octubre de 1846, Isabel II contrajo matrimonio con su primo hermano Francisco de Asís de Borbón, tercer hijo de Luisa Carlota. Sin embargo, la infanta,que había fallecido dos años antes a los 39 años, no pudo ser testigo de la ceremonia que ponía punto y final a un plan iniciado trece años atrás con una simple bofetada.

sábado, 28 de diciembre de 2013

¿Por qué el símbolo del dólar es una S con dos barras verticales?


Todo el mundo conoce el famoso símbolo del dólar. De hecho no solo representa al dólar americano, sino que en muchos otros países lo usan para sus propias monedas, como ocurría en el caso del antiguo escudo portugués o los pesos colombiano y argentino. 

En realidad esta simbología tiene un origen curioso y español. En 1792, el dólar se convirtió en moneda oficial de los Estados Unidos y su cara fue una réplica del real de a ocho español, el cual también se conocía como spanish dollar. 

En una y otra moneda aparecían las dos columnas de Hércules y la cinta con la inscripción plus ultra. La estilización de esta ilustración fuera del dólar es la que daría lugar al símbolo S, manteniendo ambas columnas herculianas y dando lugar al actual y archiconocido símbolo.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Empresa de servicios de traduccion Traducland


Si en vuestra empresa u organización estáis preparando algún evento tipo reunión o conferencia a nivel internacional, en el que van a participar ponentes de diferentes países, para lo cual quereis presentar una serie de informes informes o dossieres en otros idiomas, vais a necesitar la ayuda de una empresa de traducción.

Lo ideal es recurrir a una empresa con experiencia y eficacia contrastada. Un claro ejemplo de ello es Traducland. Son un grupo de profesionales altamente cualificados cuya prioridad es la calidad y la precisión en el trabajo. Su equipo de traductores conoce bien las necesidades de las empresas para las que trabajan, por lo que saben lo que quieren transmitir.

¿Por qué elegir a Traducland? Porque además de poseer los conocimientos y experiencia necesaria, su principal objetivo y compromiso es realizar un trabajo de calidad garantizado, y siempre cumpliendo los plazos establecidos por el cliente.
Qué servicios ofrecen:


Además de la traducción de cualquier documento, presentación o dossier, para lo cual siguen un proceso basado en las Normas UNE-EN ISO 9001:2008 "Sistemas de Gestión de la Calidad" y UNE-EN 15038:2006, puede ofrecer un servicio que puede ser muy interesante para nuestra empresa, y es el servicio de interpretación, y dentro de esta:  

Interpretación simultánea, ideal para eventos como conferencias.
Interpretación consecutiva, pensada para reuniones. 
Chuchotage, también conocida como "interpretación susurrada", ideal para reuniones de empresa formadas por grupos reducidos.
E interpretación "De enlace" o interpretación bilateral, ideal para reuniones en las que se hablen dos o más lenguas, y en la que el intérprete hará de enlace.

Además, Traducland pone a su disposición todo el equipo de técnico necesario para los servicios de interpretación: cabinas, micrófonos, equipo audiovisual, etc.

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lunes, 2 de diciembre de 2013

Emilio Herrera, el olvidado español que «inventó» el traje espacial


Ingeniero, piloto, militar, inventor, político, pionero de la aeronáutica... Pocas materias se le escapaban a Emilio Herrera, el español que en 1935 desarrolló una «escafandra astronáutica» que posteriormente la NASA adaptó para los viajes espaciales. Con su nacimiento, el 13 de febrero de 1879, la ciudad de Granada daba a luz a un largamente olvidado protagonista de la conquista espacial.

En 1897, con solo dieciocho años, ingresó en la Escuela de Ingenieros militares de Guadalajara, dando así inicio a una brillante carrera como militar, a la que daría continuidad en la Compañía de Aerostación. En ella obtuvo su título de piloto de globo en 1905. Seis años después, en 1911 Herrera vuelve a hacer historia al graduarse en la primera promoción de pilotos de aeronaves en España, y poco después, en 1914, mostró sus habilidades al pilotar un avión que cubría la ruta Tetuán-Sevilla.

Además, Herrera fue uno de los grandes impulsores del Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos (Madrid), inaugurado en 1921, y precursor del actual Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), un organismo dependiente del Ministerio de Defensa encargado de proyectos de investigación espacial y aeronáutica.

Sin embargo, las miras de uno de los ingenieros españoles más importantes del siglo XX no se conformaban conformaban con surcar aire. Su verdadera meta era el espacio, y para conquistarla desarrolló su escafandra astronáutica. Después de estudiar la muerte del aviador Benito Molas en 1928, Herrera diseñó una vestimenta que le permitiría alcanzar sano y salvo la fabulosa altura de 22.000 metros de altitud –por encima del récord de altura del momento– en un globo de barquilla abierta. El traje, listo en 1935, incluía micrófono, un sistema de respiración e incluso una visera capaz de evitar los rayos ultravioletas.

El viaje, previsto para el verano de 1936, iba a suponer el primer hito de la conquista espacial, anterior incluso a las famosas bombas volantes alemanas V-2 de Wernher von Braun, que posteriormente serían la base de los cohetes Saturno, responsables de poner el hombre en la luna. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil le impidió llevarlo a buen puerto —incluso hay quién afirma que los restos de su globo fueron utilizados por el Ejército republicano para hacer capotes repelentes de la humedad—, como tampoco le impidió terminar su proyecto, esbozado en 1932, de viajar a la luna.

Cheque en blanco

A partir de 1939 Herrera, fiel a la República —llegó a ser presidente en el exilio entre 1960 y 1962— se exilió a Francia y comenzó a ser olvidado en su patria natal. Quién no olvidó sus esfuerzos fue la comunidad científica internacional e incluso Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luna en 1969, agradeció sus esfuerzos entregándo a su ayudante, Manuel Casajust, una pequeña roca lunar. Un hito, por cierto, que Herrera no pudo ver —falleció dos años antes en Ginebra— y en el que tampoco quiso participar pese a que la NASA le tentó con un cheque en blanco.

Según contaba Casajust a la prensa de la época, Herrera se negó a colaborar en el proyecto si tras el alunizaje los astronautas no colocaban una bandera de su querida España junto a la enseña norteamericana. De acuerdo con Carlos Lázaro Ávila en su libro «La aventura aeronáutica», Herrera comentó a su ayudante: «Los americanos son como niños, creen que con el dinero lo pueden comprar todo».

lunes, 25 de noviembre de 2013

El día que la Unión Soviética derribó un avión de pasajeros

La tensión de la Guerra Fría a principios de los ochenta se disparó hasta un punto crítico por el trágico incidente de la madrugada del 1 de septiembre de 1983. Un caza ruso cumplió la orden de derribar un avión comercial que, por error, sobrevolaba peligrosamente territorio de la Unión Soviética, directo hacia su flota de submarinos nucleares. Murieron los 240 pasajeros y los 29 tripulantes a bordo del vuelo 007 de la compañía Korean Airlines con destino a Seúl.

La conmoción mundial se agitó aún más por la opacidad de la URSS. Moscú no reconoció haberlo abatido hasta una semana después. Justificó que era un avión espía oculto, no comercial. Tardó en reconocer la culpa, lamentó las muertes, pero no se disculpó. No entregó la caja negra para esclarecer las causas hasta una década después, tras la caída del imperio soviético. No quedó rastro de pasajeros ni de equipajes.

Avión espía

Todas las trágicas casualidades confluyeron para que la tensión acumulada de la Guerra Fría detonara los misiles que acabaron con 269 civiles. El avión de pasajeros partió desde el aeropuerto JFK de Nueva York con destino a Seúl con una parada en Anchorage (Alaska) para repostar. Nada más despegar de Alaska, la nave se desvió de su camino. El estudio posterior de la caja negra determinó que el piloto creyó haber fijado la ruta correcta con el automático, sin embargo, mantuvo por error un rumbo fijo directo hacia Siberia.

Los radares rusos captaron la intromisión por la península de Kamchatka. Mandó unos cazas a reconocerlo y disuadirlo, aunque no llegaron a tiempo y el Boeing 747 siguió su rumbo ajeno a cualquier violación territorial. Los rusos no lo dejarían escapar en su segunda invasión, esta vez sobre la isla de Sajalín, al norte de Japón. Menos aún cuando el avión iba directo a la flota rusa en el Pacífico, en Vladivostok, con sus submarinos nucleares.

La casualidad hizo que un avión espía de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos rastreara ese mismo día la misa zona. El Boeing RC-135entraba y salía de territorio soviético en maniobras habituales para probar la capacidad de los radares rusos. Su señal se confundió con el del comercial Boeing 747. Los rusos estaban tras la pista de un avión espía que confundieron con la nave surcoreana cargada de almas inocentes.

Avisos insuficientes

El caza soviético realizó al vuelo 007 maniobras de advertencia propias para naves militares, no tan evidentes ni pacientes como las dirigidas a aviones comerciales. Lanzó ráfagas de aviso, pero no eran trazadoras, y por tanto eran invisibles en la noche. La oscuridad también impidió al piloto ruso discernir si era un «jumbo» comercial o uno similar espía. Cuando trató de acercarse a la nave surcoreana, el piloto de Korean Airlines, ajeno a la disuasión, elevó el vuelo inconsciente del peligro. El puesto de mando de Defensa soviético lo entendió como una maniobra de disuasión y la orden fue clara: «Destruir el objetivo».

El avión no explotó tras recibir el impacto de dos misiles aire-aire, ni cayó en picado de inmediato. El piloto surcoreano pudo mantener el vuelo durante cinco minutos, con los motores a salvo; pero la cabina despresurizada y el sistema hidráulico roto hicieron que tardara poco en precipitarse en una espiral dramática hasta impactar brutalmente en el mar a 30 millas de la isla de Sajalín. No hubos supervivientes.

Tensión de la Guerra Fría

Embarcaciones rusas acudieron enseguida a recuperar las pruebas, obsesionados por mantener todos sus secretos a salvo en un momento crítico de tensión de la Guerra Fría. Equipos de Japón, Corea del Sur y Estados Unidos también trataron, sin éxito, de recoger información. El entonces presidente de EE.UU., Ronald Reagan, abrió el GPS, entonces solo de uso militar, a la aviación civil. Nuevos episodios de tensión aérea similar se lograron contener por la precaución añadida en las defensas rusas tras la fatal experiencia. El paranoico miedo a un ataque no volvió a terminar en tragedia cuando, en 1985, un avión de Japan Airlines se adentró por error en Siberia.

Como todo episodio de la Guerra Fría, las teorías de la conspiración no se hicieron esperar. ¿El impacto borró todo rastro de los pasajeros o los rusos recogieron todos los cuerpos y las pertenencias para no dejar pruebas? ¿Washington sabía que un avión occidental cruzó la línea roja, no hizo nada por evitarlo y así tensionar la Guerra Fría? ¿Ronald Reagan amplificó el incidente con su retórica para justificar su Guerra de las Galaxias, alimentar el rechazo internacional a la Unión Soviética y acelerar su caída?

jueves, 21 de noviembre de 2013

El verdadero hombre radioactivo


Durante el proyecto Manhattan, que daría lugar a la construcción de las primeras bombas atómicas, los investigadores estaban cada vez más preocupados por los riesgos de contacto con el plutonio.

En uno de los experimentos más horribles y poco éticos jamás realizados, 18 personas fueron inyectadas con plutonio sin su consentimiento para medir sus efectos.

El dosis más fuerte dosis fue aplicada a un hombre llamado Albert Stevens, un pintor de casas que recibió una inyección en su cuerpo con 60 veces la cantidad de radiación permitida cada año.

imageHoy en día, la ciencia tiene un muy buen manejo de los peligros de la radiación, pero no hace mucho tiempo, la gente asistía a las detonaciones de la bomba atómica.

El Proyecto Manhattan llevó los temores de los efectos de la radiación a su máxima expresión, sobre todo los efectos del nuevo elemento aislado, el plutonio, al que muchos se habían expuesto durante la experimentación.

Para ello, se decidió iniciar un estudio para determinar con exactitud cuan peligroso era el plutonio.

La trama fue siniestra. Los investigadores de los efectos, inyectaron diferentes cantidades de plutonio en los pacientes que no sabían lo que les estaban suministrando y evaluaban sus efectos.

Para su crédito, escogieron personas que habían sido diagnosticadas con una enfermedad "terminal" y no se esperaba que vivieran independientemente de los resultados.

Dieciocho personas fueron inyectadas en tres sitios diferentes, incluyendo Hospitales de la Universidad de California en San Francisco.

El primer paciente en recibir la inyección en California ( llamado CAL- 1 ) fue un pintor de brocha gorda de sesenta años llamado Albert Stevens. Se le había diagnosticado un cáncer de estómago.

A Stevens se le inyectó con dos isótopos diferentes de plutonio.

Recibió una dosis monstruosa, sobre 0, 95 microgramos en total, ya que no se esperaba que viviera mucho tiempo.

Pero cuando los médicos le abrieron para realizar la cirugía en sus tumores cuatro días más tarde, se encontraron con que simplemente estaba sufriendo de una muy mala úlcera.

A Stevens se le mintió y se le llevó a creer que había sido sometido a una recuperación milagrosa y se estudió a continuación. Su orina y muestras de heces fueron monitorizados cuidadosamente.

En el transcurso de un año absorbió 60 veces la cantidad de radiación que los trabajadores están autorizados a tomar al año.

Stevens vivió más de 20 años, con su sangre llena de plutonio.

Finalmente sucumbió a la enfermedad cardíaca en la edad madura de 79.

Algunos de los otros 18 pacientes no tuvieron tanta suerte, pero se cree que todos ellos murieron a causa de las condiciones pre-existentes y no a las grandes dosis de radiación con las que habían sido tratados.