
Provistos de enormes sacos de nylon, varias decenas de funcionarios y voluntarios ofrecieron el pasado domingo uno de los espectáculos más curiosos que se han podido ver en esta ciudad en los últimos tiempos. Cada uno de ellos arrojó de manera sincronizada más de 2.000 bolas pendiente abajo, que formaron una colosal mancha negra sobre las aguas del lago.

El problema se detectó en octubre de 2007, cuando las autoridades sanitarias comprobaron la existencia de altas concentraciones de bromato, una sustancia potencialmente cancerígena que se genera cuando el bromuro y el cloro entran en contacto con la luz solar.

Ahora, gracias a la presencia de las bolas sobre la superficie del agua, el bromato no se podrá formar y consumidores y autoridades respirarán más tranquilos. En unos meses, el estanque quedará cubierto por completo, cuando se arrojen sobre él más de tres millones de bolas. Y así permanecerá hasta que se estrenen los nuevos depósitos de agua, dentro de cuatro años.

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