miércoles, 21 de septiembre de 2011

Leonardo se inspiró en su amante para pintar la “Mona Lisa”

Leonardo Da Vinci - "Mona Lisa" (detalle) - Museo del Louvre

El cuadro más célebre y misterioso de Leonardo da Vinci no representa a una mujer concreta, ni siquiera a Lisa Gherardini, la noble florentina cuyo esposo encargó a Leonardo que la retratara. Un equipo de investigadores italianos ha llegado a la conclusión de que los rasgos de la “Mona Lisa” se corresponden básicamente con los de Gian Giacomo Caprotti, el joven que durante 25 años sirvió al pintor como ayudante, y que según la mayoría de los historiadores también habría sido su amante.

Gian Giacomo Caprotti, conocido como Salai, posó para Leonardo en varias ocasiones, por lo que se conoce bien el aspecto que tenía. El más evidente de sus retratos se encuentra en el Museo del Louvre, igual que la ‘Mona Lisa’, y representa a San Juan Bautista señalando con el dedo hacia el cielo. Según los expertos del Comité para la Valoración de Bienes Históricos de Italia, sus rasgos se asemejan extraordinariamente a los del personaje inmortalizado en el otro cuadro, que también recuerda lejanamente a Lisa Gherardini.


Leonardo Da Vinci - "San Juan Bautista" (detalle) - Museo del Louvre

El aspecto “ambiguo” y “andrógino” del personaje más afamado de cuantos pintó Leonardo da Vinci sería fruto, por lo tanto, de la conjunción de los rasgos de un hombre y una mujer, por lo que decir que “Mona Lisa”, conocida también como “La Gioconda”, representa a Lisa Gherardini sería sólo "una verdad a medias", según el presidente del Comité, Silvano Vinceti. El investigador subraya que Leonardo comenzó a pintar el cuadro en 1503, y que el rostro de “Mona Lisa” presentaba entonces un gesto más “lánguido”. Durante los 13 años siguientes fue retocado en varias ocasiones, adquiriendo el aspecto actual, más cercano al que tenía el compañero sentimental del pintor.

Estas conclusiones se ven reforzadas por el hecho de que el maestro nunca quiso desprenderse de esta obra, que le acompañó en todos sus viajes, y que decidió legar a su querido Salai cuando hizo testamento. Además, recientemente se descubrió la existencia de dos letras ocultas en las pupilas del personaje retratado: la L y la S, que son las iniciales de sus dos supuestos modelos: Lisa y Salai.

Los historiadores del Arte consideran a “La Gioconda” el más valioso legado intelectual de Leonardo Da Vinci, artista que tuvo una singular "dimensión filosófica, teológica y esotérica”, según los investigadores del Comité para la Valoración de Bienes Históricos de Italia. El maestro acompañó a la figura central con un puente, elemento simbólico que se asocia con el tránsito al más allá. El maestro pintó en uno de sus arcos los números 7 y 2, cifras ligadas a Dios y al equilibrio entre el género masculino y el femenino, según las tesis cabalísticas.

“Mona Lisa” es propiedad del Estado francés desde que el rey Francisco I la compró a los herederos de Sadar. Tras la Revolución de 1789, pasó a formar parte de la colección del Museo del Louvre, donde sigue en la actualidad. Cuenta con un sofisticado sistema de seguridad, que incluye una urna de cristal blindado que podría protegerla contra los disparos de un arma de fuego. El vidrio especial que la separa del público impide también el paso de los rayos ultravioletas y los infrarrojos.

El retrato pictórico más famoso del mundo se encuentra estabilizado en su precario estado de conservación. La fisura que tiene encima del ojo izquierdo no ha progresado durante los últimos años, pero se teme que pueda aparecer otra más. Leonardo pintó el cuadro sobre una tabla de madera que ha sufrido numerosas manipulaciones durante los últimos 500 años. Recientemente se descubrió que la madera tiende a combarse, y que eso provoca tensiones en la capa de pigmentos.

“Lo más probable es que esa deformación se deba a las piezas de madera que le fueron agregadas durante los siglos XVII, XVIII y XX”, explica Vincent Pomarede, conservador jefe de pintura del Louvre, quien sospecha que “el envejecimiento diferente” de las diversas piezas de madera podría ser la causa del deterioro.

Un equipo de expertos de la Universidad de Poitiers analizó el cuadro en 2005, dictaminando que podría sufrir una nueva fisura a la altura del rostro, tras comparar su evolución en fotografías de diferentes épocas. Los responsables del Louvre habían pedido su dictamen antes de cambiar la obra a la sala en la que se exhibe actualmente.

No hay comentarios: