lunes, 6 de diciembre de 2010

El hombre que derribo a un helicoptero con una piedra

El 10 de agosto de 1989 fue detenido por la Guardia Civil Luis Perezagua, un veterinario de 59 años, acusado de ser el presunto autor del derribo de un helicóptero del Ejército de Tierra tras lanzar contra él una piedra.

El buen hombre se encontraba en un prado en El Boalo (Madrid) “recogiendo menta poleo y hierbabuena” cuando sucedió el incidente que, según los pilotos del helicóptero, acabó con una pedrada del susodicho veterinario al rotor de cola del helicóptero, que terminó estrellándose contra el suelo, y causando heridas a sus tripulantes.

Por su parte, el bueno de Don Luis siempre sostuvo que él no tiró ninguna piedra, entre otras cosas porque “era reumático y ya no estaba para esos trotes”, y que el piloto del helicóptero intentó pegarle un sustillo con dos o tres pases de vuelo rasante. La impericia del piloto y la dificultad de la maniobra hicieron el resto.

Luis Perezagua quedó en libertad sin cargos y nada más se supo (ni posiblemente se sabrá ) acerca de este curioso incidente que al final ha quedado sin aclarar.

De haber tirado la piedra de verdad, tal vez el bueno de D. Luis sólo pretendía imitar aquella escena de “Acorralado” (1982) donde Rambo derribaba un helicóptero de una certera pedrada.... aunque, lo que en esa película hacía todo un ex-marine USA, lo pudo también hacer en España, un reumático veterinario de 59 años que paseaba por el campo recogiendo florecillas.

Y resulta que este no es el unico caso documentado, porque en 2004, en Mexico, Eretza Flores casi derriba un helicóptero de la Patrulla fronteriza después de lanzarle cinco piedras. En este caso fue sentenciado a tres años de prisión.

Sorprendente, verdad? Asi que por si acaso... nunca le lances piedras a un avion... porque nunca se sabe lo que puede pasar!

1 comentario:

Carlos dijo...

¿Pues que cabrones andan volando helicópteros tal al ras del suelo como para que alguien pueda alcanzarle con una pedrada?

Ni con resortera me a tocado lanzar una piedra tan alto como a la altura a la que suelo ver volar los helicópteros.